Cómo meditar el Santo Rosario

El Papa Pablo VI dijo que, sin la contemplación, el rezo del Rosario es un cuerpo sin alma y su recitación puede convertirse en una repetición mecánica. El Papa San Pío V nos enseñó que la meditación es simplemente pensar y amar. Les ofrecemos algunas recomendaciones para meditar el Santo Rosario y lograr una oración más profunda que nos lleve a una conversión de vida.

  1. Céntrate en la Palabra de Dios. En el caso del Rosario, el objeto de la meditación son esos pasajes de la vida de Jesús y de la Virgen María que llamamos los misterios (gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos). Concentrados en ellos, podemos entrar en diálogo con la Palabra de Dios e identificarnos con Cristo para dejarnos transformar por él.
  2. Aquieta tu mente. Parameditar el Rosario, ayuda mucho estar en un lugar tranquilo. Además, uno puede necesitar un momento para sosegarse. Al empezar el Rosario con el Credo, el Padrenuestro y las primeras tres avemarías, aprovecha para relajarte y soltar tensiones y distracciones.
  3. Pide la ayuda divina. Mientras rezas las oraciones iniciales pídele al Espíritu Santo que guíe tu meditación para que puedas conocer a Cristo y la voluntad de Dios. Pide la intercesión de la Virgen María.
  4. Enfócate en el misterio. Antes de rezar cada decena, anuncia el misterio que toca. Por ejemplo: “Primer misterio gozoso: La Anunciación”. Crea un espacio para enfocarte en él. Es recomendable hacer un momento de silencio para fijar en la mente la escena y los acontecimientos del misterio. Es muy beneficioso leer el texto bíblico correspondiente. También es útil tener a la vista una imagen que represente el pasaje. Puedes mirarla mientras oras.
  5. Reza mientras contemplas. El Padrenuestro y las diez avemarías sirven como “música de fondo” para tu meditación y te ayudan a adentrarte en ella. Una de las formas de meditar consiste en repasar lentamente los acontecimientos que el misterio presenta. Imagínalos. Deja que tu mente se fije en alguna impresión o en algún suceso en particular para ir profundizándolo. Por ejemplo, en la Anunciación podrías detenerte en las palabras de María: “Hágase en mí según tu palabra”. Sigue meditando con ellas toda la decena.
  6. Observa la actitud. Otraforma de meditar consiste en prestar atención a una actitud que observas en Jesús o en María: cualquiera que sientas importante en ese momento. Por ejemplo, en la Anunciación, podría tratarse de la humildad de Dios que se rebaja para asumir la naturaleza humana. Reza la decena pensando en esa actitud.
  7. Vincula lo contemplado con tu vida. Permite que el  Espíritu Santo traiga a tu mente aspectos de tu vida cotidiana y te muestre en qué medida estás aplicando las actitudes del Señor o de su Madre. En qué medida te pareces a Jesús. Identifícate con el Maestro.
  8. Intercede por otros. Como el Santo Padre Juan Pablo II ha enseñado, la meditación de los misterios del Rosario nos conduce naturalmente a la súplica por otras personas y por las necesidades del mundo. Una vez más, déjate guiar por el Espíritu Santo.

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