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El suelo de parqué es de una tonalidad dorada. Hay un hogar grande, construido con ladrillos Japoneses de dos colores y adornado con una alta repisa. El modo de vida de esta mujeres ha sido criticado y calumniado en Japón, donde se valoran socialmente mucho la laboriosidad, la producción y los logros inmediatos. Se les ha reprochado la cantidad de tiempo que pasan de rodillas adorando al santísimo sacramento. Cuando Inés tenia diecinueve años, sufrió una parálisis a consecuencia de un error medico en una apendectomía rutinaria. Durante dieciséis años pasó un buena parte de su tiempo en el hospital y sufrió muchas operaciones. Cuando descubrió el cristianismo, se identificó mucho con los sufrimientos de Jesucristo, que entregó su vida par que otros pudieran ver la verdad. En 1969 Inés contrajo un virus. Cayó en coma. Llamaron a un sacerdote para que le administrara la unción de enfermos, algunos testigos oyeron que Inés respondía en latín a las oraciones del sacerdote, aunque ella no había estudiado nunca esa lengua. El único recuerdo que le quedó de esos tres días que pasó en coma es un extraño relato de preparación para los hechos posteriores. Vio una señora hermosa en un campo lleno de flores. La señora hermosa extendió la mano e invitó a Inés que se acercase a ella. Pero se levantaron unos esqueletos vivientes que intentaban agarrarla. Inés vio una multitud de esqueletos que luchaban entre si por beber agua pura de un arroyo que corría por allí. Cuanto más luchaban entre si más se debilitaban. Los esqueletos cayeron en un rio de agua sucia y se lamentaban. El corazón de Inés se lleno de compasión por aquellas personas tan turbadas y se puso a rezar por ellas. Mientras estaba rezando por ellas, se despertó de la experiencia. La señora hermosa estaba junto a ella, de pie junto a su cama del hospital. Rezaron juntas el rosario. Después del primer misterio la señora hermosa recitó una oración: Oh, Jesús mío, perdónanos nuestros pecados, Sálvanos del fuego del infierno, conduce todas las almas al cielo, sobre todo a las que más necesitan de tu misericordia.
Las palabras de esta oración están grabadas en el recuerdo de Inés. Siguió rezando el rosario, añadiendo esta oración al final de cada misterio. Un sacerdote oyó la oración y la anotó. Más tarde, escribió a Inés para comunicarle que había descubierto que la oración para el rosario que ella le había enseñado era exactamente la misma que había enseñado la Virgen a los tres niños de Fátima. Aquella oración nunca se había traducido al Japonés; Inés no había podido haberla conocido antes de su visión. Inés se recuperó de su enfermedad y volvió a ver a la Virgen para preparase para transmitir mensajes al mundo. El 16 de marzo de 1973 Inés adquirió un sordera permanente e incurable. Después de realizar ejercicios de rehabilitación y de aprender a entender el habla de las personas leyendo los labios, fue a vivir al convento de las Siervas de la Eucaristía el 12 de mayo de 1973. La hermana Inés estaba sola en el convento el 12 de junio de 1973 mientras las demás hermanas asistían una conferencia en una comunidad próxima. Tenía permiso para abrir la puerta del sagrario para realizar la Adoración Eucarística. Describió así, en su propias palabras, lo que sucedió aquel día: “Cuando mi mano tocó la puerta del sagrario, salió de pronto una luz cegadora de dentro del sagrario. Yo me llené de susto y de temor. Me postré inmediatamente con la cara en el suelo. Me pasaron por la mente muchas ideas que no eran mías mientras yacía en el suelo ante el sagrario bajo aquella luz extraña y potente. Mi cuerpo estaba inmóvil. Esta situación duró al menos una hora. Cuando terminó la luz potente me hice a mi misma muchas preguntas tendida allí en la suelo. La experiencia había sido tan abrumadora que tarde un tiempo en levantarme.” La hermana Inés no hablo de esta extraña experiencia con nadie. La noche siguiente rezando en comunidad con las otras hermanas, se produjo el mismo fenómeno, quedó dominada instantáneamente por una luz sobrenatural. La hermana Inés estaba completamente segura de que el Señor Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía, le estaba manifestando en aquel momento su presencia y poder divino. Se postró ante el sagrario y se quedó mucho tiempo en esa postura. La Hermana Inés empezó a vivir con frecuencia el fenómeno de la luz. Algunas veces veía unas llamas rojas que consumían, al parecer , los inmensos rayos de luz que se derramaban desde el sagrario. En otras ocasiones la hermana Inés veía el propio sagrario en llamas. Dice que en esas circunstancias caía postrada inmediatamente ante el poder divino que se manifestaba en forma de amor total y de poder total. Explica que el acto de postrarse era la única relación humana posible. Define el acto de postración como una adoración total. El viernes 29 de junio era la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. A la hermana Inés le correspondió el turno de Adoración Eucarística de 9 a 10 de la mañana. Se arrodilló en la estera de paja y tomó en sus manos el rosario. En aquel momento se apareció una persona junto a ella. Describe así la experiencia: “La persona que se apareció junto a mi derecha en la capilla era la Señora Hermosa que se había aparecido junto a mi en el hospital y que me había enseñado la oración de Fátima para el rosario. Sentí una profunda intensidad de oración. Rezamos juntas el rosario. Cuando dije las palabras Señora del santísimo Rosario, ruega por nosotros , la Señora Hermosa sonrió, y entonces dejé de verla.” La Virgen siguió apareciéndose a la hermana Inés. El 5 de julio se formó una herida dolorosa en forma de cruz en la palma de la mano derecha de Inés. Hacia las tres de la madrugada, el dolor de la mano derecha era tan intenso que se levantó de la cama para cambiarse la venda. Entonces oyó la dulce voz de la Señora Hermosa: “No temas. Reza, no solo por tus pecados, sino como reparación por todos los pecados de toda la humanidad. El Sagrado Corazón de Jesús está herido por la ingratitud y por la injurias del mundo. Vamos juntas a la capilla” En aquel momento. La hermana Inés vio un ángel enorme, radiante de luz blanca. Recuerda que rezó fervientemente mientras seguía al ángel hasta la capilla. Antes de entrar en ella, la Hermana Inés preguntó: “¿Quién eres?” el ángel respondió: -“Soy tu ángel custodio. Te he sido asignado desde toda la eternidad para que te guíe y cuide de ti.” El ángel custodio y su protegida entraron entonces en la capilla y se arrodillaron cerca del cuadro de la virgen. La hermana Inés, que era clínicamente sorda, oyó que salía de la zona donde estaba la imagen una voz clara, delicada como un viento cálido, dulce y misteriosa como los sonidos de un arpa, lejana como la eternidad y próxima como su corazón: “ Hija mía, mi novicia, tu me has obedecido bien en abandonarlo todo para seguirme.¿Es dolorosa la enfermedad de tus oídos? Tu sordera será sanada te lo aseguro. Ten paciencia. Esta es la última prueba. ¿Te causa dolor la herida de tu mano? Reza en reparación de los pecados de los hombres. Cada persona en esta comunidad es mi hija irremplazable. ¿Dices bien la oración de las siervas de la Eucaristía? Entonces recémosla juntos: Reza mucho por el Papa, los obispos y los sacerdotes. Di a tu superior lo que te he comunicado en este día. Muy pronto, él te pedirá que reces así: Señor Jesucristo, hijo del padre, Envía tu espíritu sobre la tierra. Haz que more en los corazones De todas las gentes, Para que se libren De la corrupción , los desastres y las guerras Amén.” El 6 de julio de 1973, la voz que salía de la estatua le había dicho a sor Inés: "La enfermedad de tu sordera, ¿te hace sufrir? Tú sanaras, ciertamente". El día 13 de octubre de 1974, mientras oraba ante el Santísimo Sacramento, sor Inés fue instantáneamente sanada de su sordera. La hermana misma telefoneó a un monseñor y le habló como una persona normal que no había estado enferma. El día siguiente, el médico dio este diagnóstico: "Facultad de oír normal". Esta recuperación del oído le duró a sor Inés seis meses, luego ella volvió a estar sorda otra vez. Dios le pidió que hiciera el ofrecimiento de ese sacrificio. Pero nueve años más tarde ella sanaría definitivamente por un milagro de la eucaristía, el último domingo del mes de mayo en 1982, día de Pentecostés, durante la bendición con el Santísimo Sacramento. A las cinco y diez la voz calló. Aunque el ángel había desaparecido, la mano derecha de la imagen de la virgen estaba sangrando. El 12 de Julio, la mano de la virgen volvió a sangrar. El obispo que ya tenia noticia de los fenómenos que se producían en el convento, fue a ver la imagen que sangraba. Por entonces, la herida en la palma de la mano de la hermana Inés era más profunda. El 27 de julio el dolor era insoportable. Desesperada se retiró a la capilla. El ángel estaba allí. Dirigiéndose a Inés, dijo: “Has estado sufriendo. Conserva con cuidado el recuerdo de la sangre de la imagen de la virgen, y grábalo en tu memoria. La imagen que sangra es el modo en que Dios pide conversión, paz, que reparéis la ingratitud de la humanidad y los abusos cometidos ante Dios. Reza por la conversión de todos los pecadores, mientras adoras al sagrado corazón de Jesús y su sagrada sangre.” Cuando terminó de hablar el ángel todo el dolor de Inés desapareció. Dejó de sangrarle la herida de la mano. Tenía la mano curada. Inés oyó de nuevo una voz clara que procedía de la zona de la imagen de la virgen: “Hija mía, ¿amas al señor? Si lo amas haz el favor de escuchar lo que te digo. Haz saber a tu superior mi petición. En este mundo, muchas personas afligen al señor. Yo busco almas para consolarlo. Para apaciguar la pena del Padre Eterno por la desobediencia de sus hijos, que hace intervenir su justicia poderosa. Yo con mi Hijo, espero a las almas que estén dispuestas a expiar por estos pecados de ingratitud por medio de sus sufrimientos y de sus espíritus de renuncia. Mi Hijo y yo nos unimos a las almas generosas como regalo a nuestro Padre. El Padre Eterno esta muy dispuesto a permitir que las gentes del mundo conozcan las consecuencias de su espíritu de desobediencia y de rebelión contra su plan divino de salvación. Mi Hijo y yo hemos intervenido con frecuencia en las cosas del mundo para suavizar la justicia natural de dios, que permite a la Humanidad cargar con las consecuencias de sus propias decisiones. Nuestra intervención ha retrasado las calamidades que las gentes han creado para sus prójimos y para el planeta. Mi hijo ofrece su sufrimiento en la Cruz, además del mío, y todas la almas victimas que une con Dios su sufrimientos y sus penitencias, como don de amor. La oración, la penitencia, el sacrificio valeroso, mitigan las consecuencias de las malas conductas. Pido a vuestra comunidad que viva en estricta pobreza para que la ingratitud y los abusos de muchos puedan ser conmovidos por vuestro espíritu de renuncia. Pedid a todas las personas del mundo que hagan oraciones como ofrecimiento por los pecados. Ofreceos por entero al Señor. Las almas de todo el mundo que están dispuestas a rezar y sacrificarse por los demás, movidas por el amor a Dios, están siendo reunidas. Cuando termine el siglo esto se apreciara con mucha mayor claridad. Tened fe y fervor en vuestras oraciones para consolar al corazón de Dios.” El 13 de Octubre de 1973, aniversario del milagro cósmico del sol de Fátima, la Hermana Inés estaba rezando de nuevo ante el Santísimo Sacramento. Volvió a oir una voz que salia de la zona de la imagen de la Virgen: “Rezad el rosario cada día. El diablo atacará con mayor intensidad a los que se han consagrado a Dios. La perdida de tantas almas hará más profunda la pena dolorosa de mi corazón. Si los pecados crecen y se toleran más, no tendrán perdón” (Solo se perdonan los pecados de los que se arrepiente la persona. Los que niegan que el pecado sea pecado no se arrepienten, por lo tanto no son perdonados.) El 4 de Enero de 1975, el ángel custodio habló por ultima vez a la hermana Inés: “No te sorprenda que salgan lágrimas de los ojos de la imagen de la Virgen. Toda alma que se convierte y queda consagrada a ella es preciosa para ella. Ella te muestra su pena por medio de la imagen para vivificar vuestra fe, que está debilitada. Ahora que has recibido estas señales, habla con valor y difunde el mensaje y las oraciones que conoces, para gloria de su hijo, Jesús.” Se siguieron observando episodios de llanto. Este fenómeno de la imagen interesó enormente a personas ajenas al convento. Funcionarios oficiales, tales como el alcalde de Akita, y expertos en Psicología, en Medicina y en diversas tecnologías contemplaron también el fenómeno y lo examinaron. El obispo, otros miembros del clero y una comisión diocesana examinaron las lagrimas que derramaba la imagen de la Virgen. También sudó abundantemente y del sudor emanaba un dulce perfume. De la palma de su mano derecha sangró sangre de una herida que tenía la forma de la cruz. Cientos de personas presenciaron estos sucesos. Un análisis de la sangre y las lágrimas de la imagen realizado por el profesor Sagisaka de la facultad de Medicina Legal de la Universidad de Akita, confirmó que el sudor, la sangre y las lágrimas eran humanas. El obispo viajó varas veces a Roma para consultar a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe sobre los sucesos de Akita. Entre el 4 de Enero de 1975 y el 15 de Septiembre de 1981, la estatua lloro 101 veces. Una mujer Coreana con cáncer terminal en el cerebro recibió sanación inmediata cuando estaba rezando ante la imagen en 1981. El milagro fue confirmado por el Dr. Tong-Woo-Kim y por el Padre Theisen, presidente del Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Seúl. En Abril de 1984, John Shojiro Ito, Obispo de Niigata, Japón, declaró que los sucesos de Akita, Japón, eran de origen sobrenatural y autorizó a través de toda la Diócesis la veneración de la Santa Madre de Akita. El dijo: "El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima" La Virgen pide en Akita almas reparadoras, almas orantes. Lágrimas y sangre derrama su imagen en Akita. |
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